Oiga usted, edúqueme por favor

Escribir es un arte. De niño me decían: “quien bien escribe bien piensa”, y me lo tomé en serio cual escena de película de terror que te marca la infancia. Escribimos mal. Hasta mis mejores y más inteligentes amigos lo hacen y me incluyo. Porque escribir mal no es solamente firmar horrores ortográficos en tus escritos sino también no usar adecuadamente esos vehículos que transportan nuestras ideas llamados palabras, que bien combinados podrían ser un desfile europeo de autos clásicos de lujo pero que -para terminar la analogía- terminan siendo no más que un muladar de carcachas desvencijadas al acribillar la belleza del idioma y degradar el nivel de comunicación con el paupérrimo uso que le damos. 
Leo con frecuencia que culpamos al nivel educativo de nuestro país por nuestra falta de competitividad en todos los niveles. Es cierto, pero la educación formal, tal y como la conocemos, ocupa una parte de nuestra niñez y juventud, por ende si es que en un mediano plazo logramos alcanzar esa competitividad que tanto deseamos ¿qué pasará con aquellos que ya no pueden regresar al colegio o a la universidad pues están ocupados produciendo y trabajando y no disponen de más tiempo para la educación?. La repuesta a esta interrogante requiere de un cambio de paradigma en nuestras mentes y que me lleva a esa famosa frase de Mark Twain que dice: “nunca he dejado que mis estudios interfieran con mi educación”. 
La educación no es necesariamente equivalente al nivel de instrucción, ni a la formación académica que recibimos sino a la capacidad intelectual y social que cada individuo es capaz de desarrollar en base al aprendizaje, ya sea a través de experiencias, observación, lectura, etcétera y que se evidencia, por ejemplo, en nuestra capacidad de comunicarnos de manera escrita. Todo esto, sin embargo, es la consecuencia mas no la causa del problema. La raíz del problema se inicia temprano en la vida y va desde la nula capacidad de entender lo que uno lee, pasando por la poca motivación de generar hábito de lectura y de dar facilidades para que este ocurra -diccionarios, libros didácticos y lectura en grupo- y puede llegar hasta el poco estímulo que el entorno da al aprendizaje autónomo, es decir si no me enseñan no lo aprendo. 
Hoy es casi imposible decir que uno no sabe algo porque “no me lo han enseñado”. La educación dejó de ser una etapa de la vida para pasar a ser una experiencia de toda la vida. Personalmente, más que la formación académica de un individuo valoro su capacidad de adaptarse, aprender y aplicar el conocimiento que actualmente todos podemos adquirir. El mundo ha cambiado y mucho. A Jeff Bezos, fundador y CEO de Amazon, le preguntaron alguna vez qué es lo que iba a cambiar en el futuro, a lo que él respondió que prácticamente todo va a cambiar y que le era más fácil decir qué es lo que no iba a cambiar. Nuestro entorno -desde la competencia por un puesto con el compañero de trabajo o universidad hasta en las empresas que nos brindan productos y servicios- se torna cada vez más competitivo, enfermizamente competitivo, y la diferencia entre quién sobrevive y quién no, se da por la rapidez con la que nos adaptamos y aprendemos, sin embargo no es a la competencia con el otro a la que hay que tenerle miedo sino a la incompetencia de uno mismo. 
Por ello la siguiente vez que tengamos que escribir, tomémonos un tiempo para revisar la calidad de nuestro escrito y en caso hallemos algún error, investiguemos, corrijámoslo y aprendamos de nuestro error pero por favor que lo último que se nos ocurra decir sea: “oiga usted, edúqueme por favor”. 

 

Relationics: separando la señal del ruido

El título de este artículo lo tomo a partir de dos de mis libros preferidos, que si bien difieren en cuanto a materias tratadas, tienen en común dos aspectos: separar lo realmente importante de lo no relevante. El primero es: Relationics, de Iván Pasco, ingeniero peruano, director de Esfera, una innovadora agencia digital y quizás una de las pocas personas en el país que trata el campo de estrategias digitales de una manera coherente. El segundo es: The Signal and the Noise: The Art and Science of Prediction, de Nate Silver, gurú de las predicciones usando datos estadísticos -y con aciertos sorprendentes y comprobados-, quien firma una columna sobre política y estadísticas en el New York Times y es considerado una de las 100 personas más innovadoras según Fast Company.

Me centraré en ser breve y en expresar mi posición sobre el escenario actual del uso de plataformas digitales, sobre todo en entornos corporativos, en las cuales no soy versado ni exhaustivamente instruido sino más un bisoño apasionado por encontrar un sentido en toda esta espesura. Observo cada semana, con aflicción y escepticismo, la aparición de expertos, consultores, seniors y demás individuos que blanden etiquetas y títulos, y que, con un ¿limitado? tiempo de experiencia, arguyen conocimientos y capacidades que llevarán al éxito o consolidación a una empresa en el, ya obscuro, mundo digital.

Incluso con el exponencial crecimiento de la cantidad de información y acceso a ésta, los médicos siguen estudiando al menos 8 años, investigando y aprendiendo permanentemente y -quizás lo que los lleva a la diferenciación y excelencia- usando mucho sentido común al hacer uso de lo aprendido en la práctica. Siguiendo con el ejemplo: un médico comúnmente recibe visitas de muchas compañías farmacéuticas, que le ofrecen medicamentos de toda naturaleza, para todo propósito, y, en el caso de algunos medicamentos, quizás recomendados para el mismo diagnóstico. Acá recuerdo la conversación con un buen compañero de trabajo y destacado profesional de la salud, quien me comentó acerca de una ponencia en una conferencia médica que auspició mi empresa, donde el expositor, un médico de renombre, sostuvo que el gran problema de la medicina en muchos casos, es que el responsable de matar al paciente es el mismo médico al saturar de medicamentos al paciente y que, en casos aún más sorprendentes, al enviar al paciente a casa, para una muerte tranquila al no poder curarlo, éste termina salvándose al dejar de recibir tantos medicamentos que previamente recibía por prescripción del mismo médico.

Con esta pequeña historia, quiero llegar al punto en cuestión: el fin supremo del médico es brindar salud y bienestar a sus pacientes, no recetar medicamentos. Si un paciente acude a un médico, este último debe ser capaz de determinar, si la cura de la enfermedad, y por ende la salud del paciente, se alcanzará ya sea a través de un medicamento o a través de un cambio de rutina y hábitos del paciente – algo como deje de fumar, coma sano, haga ejercicio y estará bien sin ninguna medicina- o quizás simplemente darse cuenta si realmente tal enfermedad no existe o es una percepción errónea o mal diagnosticada. Eso si, creando conciencia en el paciente que la prevención es muy importante y que, poniéndola en práctica, todas las partes ahorrarán dinero y molestias.

Hablando de manera personal, he trabajado muchos años en tecnología y siento que ésta puede mejorar la vida de las personas y hacerla más productiva, sin embargo al toparme con estrategas, consultores, expertos y demás peritos en plataformas digitales, en algunos casos me siento como un paciente en consulta cuyo médico -que se volvió médico de manera empírica- no espera a que termine de hablar para diagnosticarme una batería de medicamentos y un tratamiento, con un oneroso costo mensual de por medio, donde al diagnosticarme más medicinas mayor será el monto a desembolsar de mi parte para beneficio del médico, a pesar de que realmente no necesite dichas medicinas y donde quizás la solución hubiese sido dejar de abusar de cierta comida, cambiar el semblante y de paso, hacerse un chequeo de manera frecuente, que nunca está de más.

Tal vez una de las pocas personas en el medio local a quien he visto darse cuenta de cuál es el fin de la adopción de las plataformas digitales, y comunicarlo de manera clara y precisa, dejando de lado el ruido (uso innecesario de tecnología) y haciendo que nos concentremos, de manera pertinente y dándole el énfasis que se merece, en la señal (la comunicación y las relaciones entre las personas) es a Iván Pasco. Encontré interesante sobremanera su posición al afirmar que una estrategia para una empresa que compite en el entorno actual no puede estar basada en la tecnología que cambia, en las redes que se amplían o en los dispositivos que mutan. Tras lo cual llega a la interrogante de ¿qué es, entonces, aquello que no parece verse afectado por estos cambios? lo que contesta sosteniendo que lo que permanece en el tiempo es el proceso en el que se gesta la creación y evolución de nuestras relaciones.

Citando nuevamente al autor, éste es enfático al afirmar que los negocios, como los medios de comunicación, son herramientas que nosotros creamos y utilizamos para relacionarnos y, al final, lo único importante son las relaciones que formamos. Orientemos nuestra forma de entender nuestros negocios en función de las relaciones que creamos con nuestro entorno. Todo esto está ligado al concepto de relationship management, disciplina que enfatiza la retención y satisfacción del cliente. Hay, por lo tanto, una gran dosis de arte y sensibilidad, pues las relaciones más significativas, son las que se entablan guiadas por nuestros instintos y percepciones. Por ello, es absolutamente necesario que, quien se dedique a esta disciplina, cuente con la sensibilidad, experiencia y sentido común necesarios para percibir lo que los datos esconden y las personas no muestran, esto pues la falta de conocimiento de un sector o compañía en estudio y el craso, y cada vez más común, error de querer aplicar un mismo modelo de trabajo y métricas en todos los casos, puede llevar a errores de análisis y conclusiones equivocadas y, finalmente, a inversiones desaprovechadas, debido a un empirismo sin base, que inevitablemente encontraremos en algunas ocasiones.

En conclusión, antes de proponer una solución de plataforma digital a quien se nos ponga en frente, no olvidemos dar la importancia al propósito de nuestra presencia en línea y que a la vez es una herramienta más importante aún: el sentido común y la percepción para crear relaciones con los demás.

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La lotería de la vida

Leyendo el anuario “The World in 2013” de The Economist, llegué a este artículo, cuyo nombre es el que titula este texto y que analiza la relación entre las oportunidades para una vida saludable, sana y próspera en los años venideros y el país en el que un recién nacido viene al mundo. Es decir: ¿cuál es el mejor país para nacer en el año 2013?

Para esto, un factor como el ser rico posee mucha injerencia pero no es todo lo que cuenta, puesto que índices como criminalidad, confianza en instituciones públicas y salud de vida familiar también entran en consideración. En total, once indicadores significativos son tomados en cuenta para llegar a una conclusión.

Entre los factores a tomarse en cuenta en este estudio, algunos son fijos tales como la geografía, otros cambian lentamente en el tiempo, tales como la demografía y características sociales y culturales, y otros factores dependen de la política y el estado de la economía mundial. Uno de los factores necesita ser estimado a futuro: el ingreso per cápita, éste deberá ser calculado al año 2030, que es cuando los recién nacidos alcanzarán la adultez.

Sin dejar de lado que atravesamos una crisis económica global, los tiempos, en ciertos aspectos, nunca han sido tan buenos: a pesar de que las tasas de crecimiento de salida han estado disminuyendo a nivel mundial, los niveles de ingreso están en, o cerca de, picos históricos y la esperanza de vida crece sostenidamente en el planeta.

Después de un complejo cómputo de números, Suiza viene, de manera cómoda, en primer lugar, con Australia en la segunda posición. Un patrón digno de notar es que las economías pequeñas dominan el top ten del ranking. La mitad de estas economías es europea pero solamente una pertenece la zona euro. Las grandes economías europeas no se presentan tan bien ubicadas como se esperaba.

Es preciso notar dos detalles importantes para nosotros los sudamericanos: el mejor país para nacer en esta parte del continente es Chile Inmigración y ni Brasil ni otro de los países de las llamadas economías BRIC (Brasil,Rusia, India y China) figuran en una buena posición a pesar de ser economías dinámicas. Esto nos lleva a descubrir la falacia del apogeo económico es decir confundir prosperidad económica con calidad de vida, que es lo que muchos de nosotros creemos al ver las espléndidas cifras de crecimiento de nuestro país.

Entre los 80 países evaluados, Nigeria viene en último lugar, es decir: es el peor lugar para que un bebe nazca en el año 2013. Un dato curioso es que en el año 1988, los Estados Unidos de América (posición 16 en el ranking en el año 2013) era considerado el mejor país para nacer, en parte por la inclusión del llamado “índice del aburrimiento” que mide cuán aburrido es un país a pesar de todas sus virtudes, razón por la cual Suiza aparece firme en el primer lugar.

Los tiempos cambian, los países también. Esta afirmación lleva a reflexionar sobre lo que alguna vez dijo Warren Buffett, CEO de la firma de inversión Berkshire Hathaway y, quizás, el inversionista más exitoso del mundo, acerca de que todo lo que bueno que le paso, se debe a que no solamente sabe tomar acción en el momento y lugar correctos sino a que nació en el lugar correcto (USA) en el momento correcto (1930).

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Simplicity sells

Este es el nombre de una de las primeras charlas que, hace unos años, vi de TED, el espléndido sitio que nos permite acceder de manera gratuita a un vasto mundo de conocimiento, donde los mejores y más renombrados profesionales y expertos a nivel mundial nos transmiten, a través de presentaciones, su valiosa experiencia en diversos campos.

La presentación de la cual hablo, fue grabada en febrero de 2006. No existía aún el iPhone de Apple, pero sí, el iPod y la Macbook, Windows Vista de Microsoft estaba a punto de salir y aún usábamos Windows XP, las netbooks recién se posicionaban en el mercado,  Blackberry era el líder en el mercado de los smartphones con un Samsung todavía por despegar, Facebook aún no era público y Twitter no existía tampoco.  En dicho escenario, muy distinto al actual, David Pogue, el genial y sarcástico columnista de tecnología del New York Times, además de competente músico graduado de Yale, pone en el tapete, de manera muy acertada, varias referencias reales acerca de la innecesaria complejidad que conlleva el uso de un software para el común de los usuarios y de cómo las empresas de tecnología, de manera poco adecuada, manejan el ciclo de vida de un software.

Basándome en mi experiencia personal, y dejando de lado el humor y carisma del orador, esta presentación me tocó profundamente hasta dejarme en shock, pues la conclusión a la que aterricé después de analizar una y otra vez el video fue: “Oh Dios, él tiene razón”. No podía quedarme callado después de terminar de verlo. El haber trabajado muchos años en un área de T.I. y no entender cómo los usuarios nos consideraban algo cercano a deidades por tener la ¿extraordinaria? habilidad de manejar un software, hace que caiga en la cuenta de que el problema no era el usuario del software, sino el software.

 

  • El síndrome de la Ira del Software:
    Léase como la frustración que sienten los usuarios al ver que la tecnología avanza más rápido de lo que ellos pueden sobrellevar. Puede que la tecnología sea buena pero los usuarios sienten que no hay el suficiente interés en hacer la tecnología placentera y fácil de usar. Facilidad que encontró al comunicarse con el servicio técnico de Dell, lo que derivó en frustración de su parte al no conseguir solución. Dicha frustración fue compartida por mensajes de cientos de usuarios al publicar la experiencia en su columna. Tal ira no siempre es expresada y se convierte en resignación muchas veces.

 

  • Más grande no siempre es mejor
    DOS, aquel legendario sistema operativo que llevó a Microsoft a dominar el mercado mundial del software para las IBM PCs, a pesar de no contar con una interfaz gráfica y de ser manejado desde una consola donde se digitaban obscuros comandos de texto, era simple. Simple y pequeño. Tanto que podía entrar en 211 Kb, equivalente hoy en día al tamaño de una foto en baja calidad. Genial comparación aquella, al indicar que, en la actualidad, ni el logo del sistema operativo de Apple ocupa tan poco como 211 Kb.

 

  • La paradoja de la actualización de software
    Categórica afirmación: si tratas de optimizar un software suficientes veces agregando características innecesarias, finalmente lo arruinas. Una compañía de software obtiene la tercera parte de sus ingresos a partir de las actualizaciones del software que los usuarios adquieren, razón por la cual es comparable a un club. Bajo esta premisa, en cada versión el producto debe presentar nuevas características. No importa cuáles, pero las debe tener para justificar el desembolso de dinero. No importa si el usuario no las necesita, pero podría, algún lejano día, interesarse en usarlas aunque no representen real utilidad.

 

  • El principio de la camioneta deportiva
    A la gente le gusta rodearse de cosas que no necesita. Así de claro. Y prueba de ello es la experiencia que Microsoft tuvo con su producto Write, predecesor a WordPad, un producto un poco más avanzado que Notepad y que fue un fracaso de ventas pues hacía algo muy simple: ser un procesador de texto básico. Los usuarios, al parecer, deseaban algo más avanzado y con más poder y optaron Word, con todas sus características innecesarias. Mención especial merece la imagen donde se aprecian todos los menús de Word desplegados. Una imagen vale más que mil palabras. Como indica David: parte del arte de diseñar una interfaz simple y buena es saber cuándo usar qué características y cuándo dejar fuera otras. Es notable sobremanera el ejemplo que cita acerca de su experiencia con el software de grabación de voz que que suele utilizar y cuyos creadores optaron por hacer algo que nunca antes sucedió con otras empresas de software: en la siguiente versión de dicho producto, no incluyeron nuevas características, simplemente hicieron funcionar el software bien y de una manera ridículamente acertada. Se centraron en hacer que el 95% de exactitud que ya tenía mejorara en lugar de agregar características innecesarias.

 

  • Cuenta los toques
    En la otrora exitosa Palm, fabricante de PDA y agendas en la década pasada, se solía manejar el culto a la simplicidad. En alguna ocasión, uno de los empleados de esta empresa, al ser preguntado por su puesto, respondió: “soy el contador de toques”. Ante la admiración por la respuesta, el empleado indicó: “Jeff Hawkins, el CEO de la empresa, dice que si una tarea toma más de tres toques para ser realizada, entonces debe ser corregida y rediseñada, por eso yo soy quien cuenta los toques”. En esta parte, la comparación de la simplicidad con la que Apple aborda el diseño y la usabilidad, a diferencia de Microsoft, se ve resumida en la frase: “¿por qué diablos alguien apagaría una computadora desde un botón que dice Inicio?”, refiriéndose claramente a la interfaz de usuario de Windows.

 

  • La simplicidad vende
    Quizás el ejemplo más significativo de la presentación: era finales de la década del 90 y Steve Jobs había regresado a Apple, la empresa que fundó. Apple tenía menos de 3% de participación de mercado, mientras que Microsoft, casi 95%, sin embargo Steve Jobs, creía en la simplicidad, elegancia y belleza, a pesar de que en ese momento la gente simplemente no valoraba esas características. El iPod al ingresar al mercado, el 2001, violó todos los principios del sentido común, no tenía grabador de voz ni transmisor FM, tampoco botones y era más caro que los productos existentes, pero finalmente el iPod ganó y no solamente alcanzó el liderazgo sino que marcó la tendencia del mercado, así como lo han hecho tanto el iPhone como el iPad.

 

Crear software, a mi parecer y tal cómo muchas otras disciplinas, es un arte y el arte de crear un buen software, y finalmente el éxito de éste, depende mucho de la simplicidad con la que quienes lo usan puedan lograr su objetivo, sencillamente porque la simplicidad vende. Les dejo el video en YouTube de la presentación y si desean ver la transcripción en español en la página de TED, lo pueden ver aquí.

 

Cliente, véndase a si mismo (Parte I)

El título de este artículo es el de uno de los capítulos más atrayentes que tuve la oportunidad de leer del libro ¨Nosotros es más inteligente que yo¨ de Barry Libert y Jon Spector, dos experimentados ejecutivos de marketing que analizan en su obra el poder social del marketing y las redes para lograr resultados excepcionales, basándose en casos impecablemente expuestos y sustentados.

Entre los ejemplos citados por los autores sobre el uso acertado del crowdsourcing, me interesó mucho el que trata acerca de Procter & Gamble en USA, donde a través de un uso inteligente del marketing boca-oreja y de un presupuesto de campaña para nada ingente se pudo lograr una de las mejores campañas sociales de marketing. Con un slogan que nos hace saber que ¨tres mil millones de veces entran en las vidas de la gente de todo el mundo¨, P&G también accede a la vida de las personas de otra manera: ofreciendo los servicios de cientos de miles de madres y adolescentes como vendedores que hablan y comunican las bondades de sus productos.

Los conectores, como P&G les denomina, son ya sea madres jóvenes con hijos menores de edad, que llegan en número a casi medio millón, o adolescentes muy sociables, aproximadamente un cuarto de millón en el caso de estos; que, para darse una idea de su alcance, conectan diariamente con unas veinticinco personas en el caso de las madres, en comparación a los cinco contactos diarios de una madre común, y que poseen unos ciento cincuenta amigos en el caso de los adolescentes, a comparación de los veinticinco amigos con los que tiene contacto un joven promedio. Estos contactos generalmente se realizan a través de medios electrónicos, contacto directo o cupones.

Bajo la premisa de que a todos nosotros nos gusta hablar sobre los productos que compramos y utilizamos, se calcula que cada semana una persona corriente menciona cincuenta y siete veces marcas concretas en casi un centenar de conversaciones que entabla de manera social. Esto representa una gran oportunidad de llegar a un público, generalmente, asiduo de intercambiar experiencias, teniendo en cuenta que varios estudios demuestran que los consumidores actuales confían mucho más en lo que les transmite un amigo de confianza o una persona a la cual respetan, que en lo que difunden los anuncios de televisión u otros medios publicitarios.

Esta iniciativa consta de dos partes distintas: Vocalpoint, que utiliza a las madres con hijos menores de edad y se centra en productos de P&G, y Tremor, que cuenta con adolescentes con alta capacidad de llegada y trabaja productos de clientes de P&G.

Un caso de éxito de la división Vocalpoint, constituyó el lanzamiento del lavavajillas Dawn Direct Foam, donde el director de campaña percibió la conexión de las madres con el producto cuando lo miraban y exclamaban: ¨¡es tan práctico! hasta mis hijos querrán ayudarme en casa¨, lo que llevó a establecer el tema de conversación de las madres en su campaña boca-oreja, ofreciendo consejos útiles para conseguir que los niños realizaran más tareas domésticas, lo que resultó en un incremento de ventas del producto de casi el doble desde su lanzamiento.

Otro caso de éxito, esta vez de la división Tremor, ocurrió en el año 2005, cuando la industria lechera de USA preparaba una campaña dirigida a que los adolescentes reemplazaran el consumo de bebidas gaseosas por el consumo de leche, tres veces al día de manera ideal, con el objetivo de alcanzar un peso y grasa corporal saludables. Como parte de esta campaña denominada ¨3X/Day¨, los adolescentes conectores recibieron pulseras con el logo del proyecto y material informativo acerca de los beneficios de tomar tres vasos de leche al día e incluso la posibilidad de registrarse en un sitio Web para descargar un diario de seguimiento de su progreso en el reto así como de recibir una pulsera por correo. Como resultado de la campaña, se consiguió que casi un millón y medio de adolescentes hablaran y consumieran mas leche y por ende un considerable aumento en las ventas.

En conclusión, casos como estos nos recuerdan que muchas veces las marcas, especialmente en medios tradicionales, piensan que el consumidor es el mismo que el de hace 30 años, donde comprar una pauta publicitaria televisiva significaba hacerle saber al consumidor sobre, prácticamente, la única alternativa de compra que tenía a su disposición. El caso de éxito de P&G, una de las más grandes trasnacionales fabricantes de productos de consumo masivo a nivel mundial, en el uso a su favor de los contactos de sus mismos consumidores, refuerza la premisa de que una de las formas más potentes de marketing se da a través de un mensaje positivo procedente de un amigo de confianza, o como indicaba el mismo A.G. Lafley, director general de P&G ¨el consumidor se ha convertido en el mejor vendedor¨.

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La lección del aluminio

Estos días me encuentro leyendo nuevamente ¨Abundance¨, el genial libro sobre aprovechamiento de los recursos con innovación de Peter Diamandis y Steven Kotler. No podía dejar de citar, a mi parecer, una de las partes más notables de la obra en donde habla acerca de la lección del aluminio, el metal más abundante en la superficie de la tierra, aunque como elemento químico viene tercero en profusión, después del oxigeno y del silicio.

En esta parte, los autores escriben acerca de como en el año 23 A.C. el emperador romano Tiberio recibe la visita de un orfebre que le presenta un inusual plato metálico, muy brillante y ligero, casi como la plata. Tiberio, no solamente como gran guerrero sino como experto financista cuya riqueza se basaba en la posesión de metales preciosos, sabía del riesgo que representaba el que la gente tenga acceso a un nuevo metal brillante, incluso más raro que el oro. Por ende, en vez de otorgar al orfebre la atención y consideración correspondientes, lo mando decapitar.

Este brillante metal era el aluminio y dicha necia acción del emperador romano, marcó su desaparición hasta principios de el siglo XIV donde era aún incluso lo suficientemente raro como para ser considerado el metal más valioso del mundo. Debido a la alta afinidad del aluminio con el oxigeno, éste nunca aparece en la naturaleza como un metal puro sino que se encuentra fuertemente asociado a óxidos y silicatos en un material parecido a la arcilla llamado bauxita.

Dado que la bauxita está compuesta por 52% de aluminio, separarla del metal era una tarea compleja; sin embargo, entre los años de 1825 y 1845 donde Hans Christian Oersted y Frederick Wohler a través del calentamiento de diversas sustancias químicas, que daba como resultado un residuo de aluminio puro, llegaron a dar con el primer proceso comercial de extracción de aluminio, cuyo precio se redujo en 90% y que incluso así era costoso y relativamente escaso.

No fue sino hasta 1886, donde a través de un proceso denominado electrólisis, descubierto en simultáneo por el químico estadounidense Charles Martin Hall y por el francés Paul Heroult, que todo cambió para siempre. Este proceso, que hacía uso de la electricidad para separar la bauxita del aluminio, permitió que todos en el planeta tengamos acceso a ridículas cantidades de brillante y maleable aluminio a un bajo precio.

El punto de esta tediosa historia, es que la escasez es contextual. A través de la historia, hemos conocido relatos de recursos que alguna vez fueron escasos y hoy son abundantes debido a la innovación, por ejemplo: los equipos celulares. Si imaginamos que tenemos un árbol gigante lleno de frutas y, por mis propios medios, solamente alcanzo a las ramas más bajas, desde mi perspectiva limitada, las frutas son escasas; sin embargo si alguien inventara una escalera, usando este invento, tendría ahora acceso a todas las frutas del árbol y de pronto estaría en un contexto de abundancia, por tal razón la escasez es, principalmente, contextual casi siempre.

En tal sentido, la innovación es el motor de progreso que no solamente ha cambiado el rumbo de la humanidad sino que, si es correctamente aplicada, también puede mejorar de manera sustancial nuestras actividades empresariales y, por ende, nuestras vidas. No caigamos en el letargo de lo repetitivo y lo conformista, apliquemos la innovación.

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¿Por qué escribo?

Siempre me gustó escribir. La determinación de empezar con y mantener una disciplina que me permitiese producir algo tangible y significativo como un blog se ha doblegado más de una vez ante la modorra e inacción del diario vivir. Escribir hace mejor mi vida. Me siento raro cuando no escribo. ¿Debo seguir con una lista de razones que avalen la necesidad que tengo de hacerlo? Pues bien, primero que nada detesto la palabra blogger y me calza muy grande la denominación de escritor. Simplemente escribo. Al escribir no pretendo nada más que sentirme bien y que la gente no me conoce, me conozca y los que me conocen, me conozcan más.

¿Sobre qué escribiré? pues responderé con una épica frase del personaje de Julie Powell, interpretada por Amy Smart, en una de mis películas favoritas, Julie & Julia:

I can write a blog. I have thoughts

A decir verdad, esta película fue la que me inspiró a escribir, me enterneció tanto la dedicación de la protagonista y el cómo una actividad como el escribir le brindó la posibilidad de ver la vida de un modo distinto y mejor. Escribí en julio de 2010 sobre esta película. Aún me sobrecoge leer las palabras que le dediqué en aquella ocasión, escudriñar en otro tiempo vivido no tan distante al presente donde pensaba de manera desemejante en algunos aspectos pero donde noto con júbilo que la afección que sentía por algo que encontraba apasionante en ese entonces permanece intacta todavía.

Finalmente, con pleno estoicismo puedo alegar que el escribir me brinda una razón para decir que estoy produciendo algo. Aborrezco la parte de mi trabajo que requiere que haga las veces de un versado desarrollador de software sin embargo disfruto sobremanera el lado tecnológico, de investigación y de diseño de éste. Disfruto asímismo el ser docente, el enseñar, el expresarme en mis clases, no solamente como un transmisor de conocimiento, sino como un individuo que tiene al menos algo de valioso que aportar a un grupo de individuos y que vale la pena escucharlo por un par de horas cada semana. Muchas veces no me siento inspirado a escribir líneas de código de software como si lo estoy constantemente a escribir sobre lo que vivo, siento y leo. Hace no mucho, Marc Zuckerberg, el imberbe y ya billonario fundador de la red social más grande del planeta, soltó una consigna que parecía describir lo que necesitaba hacer en ese momento:

Stay focused and keep shipping

Pues eso me encuentro haciendo actualmente en mi vida, concentrado en lo que me apasiona y produciendo. Mientras, he aquí lo que escribí en julio de 2010 sobre Julie & Julia, la película que me inspiró a escribir:

Acabo de terminar de ver, quizá una de las películas más inspiradoras que me ha tocado disfrutar en los últimos años, se trata de Julie & Julia, basada no en una sino en dos historias reales, detalle que la hace incluso más interesante, pues imagino el ingenioso y arduo trabajo de los guionistas para construir una historia coherente y a la vez entretenida.

La historia tiene dos personajes principales y se lleva a cabo en dos tiempos y en dos lugares distintos, además de estar basada en dos libros: el primero llamado My Life in France (2006) de Julia Child y el segundo, Julie and Julia: 365 Days, 524 Recipes, 1 Tiny Apartment Kitchen (2005) de Julie Powell.

Julia Child, es una secretaria californiana que conoce a un diplomático mientras ambos trabajaban para el gobierno estadounidense, si mal no recuerdo en China, luego contraen matrimonio y se mudan a París, donde él es asignado. Ella, sin saber un ápice del idioma, pugna por buscar una ocupación, lo cual deriva en partes hilarantes en la película, desde clases de fabricación de sombreros hasta clases de bridge, para finalmente encontrar su pasión en la cocina, especificamente tomando clases en la famosa escuela Le Cordon Bleu de París.

La parte de la película donde Julia Child, es inicialmente rechazada y, podría decirse, humillada por sus compañeros de clase, todos ellos varones y aplicados aspirantes a chef, es realmente hilarante; pues origina que la protagonista entre en un desmesurado afán por mejorar sus habilidades culinarias, lo que nos hace caer en la cuenta, finalmente, que su vocación está en la gastronomia.

Un punto que llamó mi atención es la rapidez con la que Julia Child aprendió a cocinar, es decir: realmente alguien puede aprender a cocinar e, incluso, dominar la técnicas de cocina como ella lo hizo?. Cabe anotar que en aquella epoca, las exigencias y competencias eran menores en muchos campos profesionales. En fin, ello no resta merito a la pasión y entrega que finalmente se puede notar en la protagonista, que de hecho muchos de nosotros quisiéramos tener aunque sea en una pequeña parte.

La otra historia que me llamó la atención es la de Julie Powell, una trabajadora del estado frustrada con su trabajo y que cae en la cuenta del vacío que tiene dentro debido a la falta de metas en la que se encuentra. Esta situación se ve graciosamente reflejada en un encuentro que tiene con amigas suyas donde cada una, y una más que la otra, se jacta, por decir lo menos, de sus logros profesionales.

Esta situación genera que ella junto con su esposo, conversen acerca del tema y así genere la idea de crear un blog sobre el libro de cocina de Julia Child, en realidad sobre como llevar a cabo cada una de las recetas de este libro, a primera impresión y a medida que se desarrolla la película, se puede sentir dos factores: la ocasional frustración de Julie Powell, al encontrar escollos en su proyecto y el lento pero creciente apoyo y fama que Julie adquiere con su blog. Mención especial merece el esposo de Julie, quien en todo momento, e incluso después de riñas entre ambos, se muestra siempre comprensivo y tolerante con ella y la madre de Julie, quien a pesar de que no aparece en la película, participa de dos escenas graciosas en la trama: la primera mientras le hace saber a su hija que está loca por iniciar un reto así y la segunda mientras felicita a su hija por aparecer en los medios de información mas importantes de la ciudad, debido a la fama ganada por su original blog.

Personalmente, adoro a Amy Adams, tanto a ella como a su trabajo, y a pesar de que solamente la he visto en películas más ligeras, ésta me convenció de que ya tiene ganado un lugar en Hollywood, para cualquier tipo de papel que pueda realizar.

Son pocas las películas que disfruto tanto como ésta. Espero que después de leer esta breve reseña se animen a verla y la puedan disfrutar tanto como yo.